Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 10/06/14
san.pflei@gmail.com
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Pero volviendo al comienzo, ¿por qué les mencioné a Los Álamos? Quizá porque es la banda que más sensaciones nuevas y extrañas me produjo, y un deslumbramiento psicodélico que no podré borrar jamás. Los Álamos son una banda de Santa Fe que tienen tres discos editados: El Fino Arte De La Venganza (2005), No Se Menciona La Soga En Casa Del Ahorcado (2008) y, luego de que su cantante viviera en Francia durante unos años, editaron en el 2013 el álbum Luces Blancas. Tuve la oportunidad de verlos sólo una vez en vivo en Casa Babylon en el año 2009. Las críticas decían que en Europa comparaban sus shows con los de The Doors. El hecho es que cuando escuché a Los Cocaleros mi experiencia me remitió directamente a ese universo lisérgico al que pocas veces pude acceder.
Los Cocaleros son una de las grandes revelaciones del rock federal, y digo esto porque, si bien residen en Córdoba, los músicos son de Jujuy. Toman su nombre a modo de homenaje a ese maravilloso proyecto llamado Joe Strummer & The Mescaleros, la banda que el ex The Clash comandó los últimos años de su vida. Y además, claro, homenajean a esa práctica ancestral de abollar al costado de la lengua hojas de coca formando el acullico que mantendrá despierta a una tradición legendaria.
Hernán Lettoli, Agustín Flores Courtade, Ariel Pantaleón, Martín Posse y Adrián Mateo Boudet son los atrevidos músicos que se animaron a lanzar un proyecto de música desquiciada y provocadora. Narco folk, country beat, proto-punk, surf y garage son los múltiples sonidos con los que experimentan y coquetean Los Cocaleros, logrando una identidad sonora absolutamente novedosa.
El grupo lanzó en el 2013 su primer disco homónimo dejando boquiabiertos al público y al periodismo musical. Nadie esperaba un álbum tan contundente, irreverente y con un sonido tan ajeno a nuestra realidad musical. Si bien existen excelentes bandas de sonoridades surf como Los Frenéticos o The Chicken Faces, Los Cocaleros se atreven a ir un poco más allá: no sólo la proyección extendida del grupo se da en la profundidad guitarrística y en el uso del pedal del reverb, sino en el arrebato y la fuerza de todo el conjunto para generar climas narcóticos y demoledores más cercanos al garaje y al punk que al propio surf. Además, la banda tiene esa cadencia sonora bien típica del rock sureño norteamericano, con ciertos arrastres melódicos y paisajes que nos llevarían directo en un Rastrojero por rutas del desierto sanjuanino o por las alturas áridas de la mismísima puna jujeña.
El disco fue grabado en los estudios El Brujo (Córdoba) en febrero de 2013 y mezclado en Buenos Aires por Gonzalo Rainoldi e Iván Caplán entre marzo y mayo del mismo año. Fue masterizado por Trackwork Studio (San Francisco, USA) por Justin Wells.
Los temas que conforman el disco de Los Cocaleros son once, y la gráfica remite de manera cabal el concepto musical de la banda. Paisajes rockers de desiertos, llamas, cóndores, tunas y cáctus; la zampoña y los erkes vienen por el viento de las montañas rojizas confundiéndose con el sonido de una guitarra eléctrica. Los Cocaleros son un grupo ideal para viajar, fumar, tomar un torrontés cafayateño y perderse en los aromas y sabores de ese norte mágico y ancestral. Con mucho rock, claro.
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