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viernes, 21 de junio de 2013

EL ROCK Y EL DIABLO / ¡Y ME GUSTA EL ROCK, EL MALDITO ROCK!


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 11/12/12
san.pflei@gmail.com

Demonio, Lúcifer, Luzbel, Satanás, el Maligno y Belcebú son algunos de los sobrenombres que recibe desde la profunda noche de los tiempos la encarnación del Mal, más comúnmente conocida como el Diablo. Pero este personaje creado por la más diversa y heterogénea cantidad de culturas, tradiciones y religiones a lo largo y a lo ancho de todo el globo no deja de tener vigencia en las grandes agendas mundiales, ya que viene siendo parte fundamental de la cultura occidental como formador de todas las tragedias y pesares, y también como justificativo para apoderarse del poder mediante las guerras y las cartas sucias de la economía mundial. El Diablo tiene muchas caras, y todas se construyen depende desde dónde se lo mire, es decir, para algunos el Diablo puedo haber sido el Che Guevara, Nelson Mandela o el Subcomandante Marcos, y para otros el diablo puede ser George W. Bush, Margaret Thatcher o Benedicto XVI. En fin.

La cosa es que inmiscuido en las Cruzadas, en la “Santa” Inquisición, en el Holocausto Judío, en el Genocidio Armenio, en las Guerras Mundiales, en las Guerras del Golfo, en el atentado a las Torres Gemelas y en las Dictaduras Militares, el colorado picarón se las ingenia para dar pie y letra a los grandes húsares del poder para dirigir el futuro de la humanidad bajo sus conceptos de bondad contra el orden del Mal. Retratado en miles de pinturas, esculpido en todo tipo de piedras y narrado en infinita vastedad de relatos, el Diablo supo hacerse un lugar en una de las mayores manifestaciones culturales del siglo XX: el Rock. Así, desde su más tierna infancia, esta Culturita Rock inquieta tuvo en sus genes a un huésped que supo hacer de las suyas y alimentar mitos y leyendas.

Sabemos que el rock es hijo directo de los esclavos de origen africano en el sur de los Estados Unidos. De enormes tradiciones musicales y orales, estos esclavos negros buscaron la salida del dolor mediante el canto, la percusión fusionando estilos y dándole vida a un género llamado blues. De más está decir que para las clases altas norteamericanas estos esclavos eran hijos directos del Infierno, razón por la cual debían permanecer todas sus vidas trabajando en los extensos campos del algodón en las humedades del Mississipi. Podemos decir, entonces, que por su origen negro el Rock, desde el vamos, estuvo “maldito”.

En 1911 nació en Hazlehusrt un negro manudito llamado Robert Johnson. Desde su juventud se vio altamente influenciado por los grandes músicos del blues, las enormes orquestas de jazz y los coros de Gospel, pero Robert no daba pie con bola en ese asunto de tocar la guitarra. Una noche densa y lluviosa, un trompetista ciego lo guió hacia una encrucijada. En medio de la tormenta y del espeso olor de los campos, el joven Johnson junto a su guitarra advirtió que una figura esbelta venía hacia él. Luego de ese misterioso encuentro, Robert Johnson se convirtió en una de las más grandes leyendas del blues.  Luego de grabar un registro de 29 canciones entre 1936 y 1937, Robert Johnson murió rodeado de misterios y especulaciones. Las cintas fueron encontradas en los años 60 y nació así uno de los mitos más fuertes de la Cultura Rock. Varias fuentes confiables habrían asegurado que en medio de esa tormenta, en la encrucijada, Johnson le habría vendido el alma al Diablo a cambio de inalterable talento, mujeres y lujuria, lo que –podríamos pensar- fue el inicio de la famosa frase sexo, drogas y rock and roll.

Luego, enormes artistas del rock recurrirían al Diablo para mostrar una imagen de dureza y de oscuros misticismos. Se puede nombrar a Arthur Brown, el músico inglés que aseguraba ser “the God of the Hellfire” (el Dios del fuego del Infierno), Black Sabbath con sus cruces invertidas, Alice Cooper, Iggy Pop cortándose el pecho con una botella rota de whisky, y los muchachotes de Kiss reventando pollitos entre sus tacones y el escenario. El Rock siempre ha mostrado la auto flagelación y el dolor físico como una queja, como un modo poco convencional de ir en contra de una sociedad cómoda y conformista basada en valores meramente económicos. Ni hablar de Metallica, de Marilyn Manson, de The Rolling Stones (y su himno “Sympathy for the Devil”, o The Beatles, Iron Maiden y miles de bandas de rock que han recurrido al Diablo de manera inspiradora.

Otro caso interesante es el de Jimmy Page –guitarrista de Led Zeppelín- quien, según se dice, era un amante de los asuntos esotéricos vinculados a las fuerzas oscuras, tanto así que en Londres era dueño de una casa de ocultismo llamada Equinoxx. Page adquirió una mansión llamada The Boleskine House. El castillo, antiguamente, había sido propiedad del médium y brujo negro Aleister Crowley de quien Page era fanático. El lugar habría sido usado para realizar oscuros rituales y sacrificios humanos. Jimmy Page también era dueño de un castillo llamado The Mill House, la vieja casona murió Jonh Bonham, el baterista de Led Zeppelín, en 1980.

Otros ídolos de la Cultura Rock como Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Sid Vicious y Kurt Cobain estuvieron rodeados de chismes y de mitos en base a su relación con el Diablo y los modos de vida de estos artistas más allá de la música, la poesía de sus canciones y lo extraño de sus desapariciones

En Argentina hay otros casos vinculados donde el Rock y el Diablo van de la mano como, por ejemplo, en grupos como La Renga y sus canción “La balada del Diablo y de la Muerte”, en “El rebelde” donde Chizzo Nápoli grita “…y me gusta el rock, el maldito rock, siempre me lleva el Diablo, no tengo religión…”. También Lucifer es convocado en la dulce voz de David Lebón en el tema “Encuentro con el Diablo” (del disco Bicicleta, Serú Girán, 1980). El guitarrista de blues local Pol Castillo también tiene su versión de los hechos con el tema “Mi primer encuentro con el Diablo”.

En fin. Para las culturas del norte argentino y para la rioplatense, el Diablo es motivo de fiesta y celebración. Vistámonos de colores y llenemos al Diablo sonriente de flores, literatura y buena música. ¡Salud!

ENCUENTRO CULTURAL DE SAN ANTONIO DE ARREDONDO / LO POP TIENE FORMA DE ESPINILLO Y AMOR SECO


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 04/12/12
san.pflei@gmail.com

Antes, mucho tiempo antes de que los festivales de rock y de otras expresiones populares tuvieran nombres de marcas o de corporaciones multinacionales, se organizaron encuentros culturales que quizá no fueron lo que en un principio se esperaba o que, al contrario, desbordaron las expectativas. Quizá algunos de los casos más resonantes y paradigmáticos sean los de los míticos festivales de Woodstock, Altamont, el de la Isla de Wight, el Concierto por Bangladesh y el argentino BA Rock que vio nacer a muchas de las grandes estrellas del rock local.

También existen encuentros y festivales que, por alejarse de intereses meramente económicos, no entran en las agendas de los medios masivos de comunicación vinculados -claro está- a las empresas y corporaciones que alimentan y dirigen los diversos perfiles y los contenidos que muchos medios reproducen. En fin.

Para comprender cabalmente la línea por la cual pretende dirigirse este artículo creo que es importante aclarar algunas cuestiones con respecto al significado de lo Pop. El filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco señala que lo Pop es, a grandes rasgos, un conjunto de manifestaciones artísticas que, por un lado, hacen referencia a lo popular en tanto masivo, es decir, tiene que ver con la producción y elaboración de bienes culturales pensados para ser difundidos y consumidos en masa, como por ejemplo grandes hits musicales que por contener ciertos patrones de composición hacen que sean rotados infinitamente en las radios más allá del gusto particular. Los movimientos Pop están íntegramente ligados a la cultura de masas. Podemos poner como ejemplo la producción de series televisivas o el arte aplicado a la publicidad. El arte Pop en los años 50 y 60 fue considerado, a la vez, como una manifestación crítica que denunciaba la reproducción en masa del arte, pero –paradójicamente- era consumido masivamente. El rock, el cómic, la radio y el cine son los íconos fundamentales del Pop y de la cultura de masas en tanto sean consumidos y reproducidos masivamente.

Pero también lo Pop hace referencia al sentido más onomatopéyico de la palabra, es decir –como el apócope inglés lo define- hace referencia directa a lo Popular. Y lo Popular, si bien está íntegramente vinculado con las diferentes expresiones de lo Pop a lo largo de más de cincuenta años -como también a la cultura de masas-, está más arraigado a un sentido y a una definición que tiene que ver con la identidad, con factores culturales construidos históricamente que hacen a la identidad de los grupos humanos. Y las expresiones artísticas populares –alejadas esta vez de la cultura de masas- son las que perviven a lo largo del tiempo sin la necesidad de ser reproducidas masivamente para lograr un consumo, ya que son expresiones genuinas valoradas en ese punto por ciertos grupos sociales.

Y hablando de cultura popular, de expresiones genuinas y de festivales, hay que hablar del Encuentro Cultural de San Antonio de Arredondo, un espacio creado desde las bases de diversas expresiones artísticas y que se repite ininterrumpidamente todos los segundos fines de semana de diciembre desde hace veintidós años. El Encuentro de San Antonio es el Woodstock criollo. Miles de músicos, bailarines, poetas, luthiers y sedientos de arte se agolpan a orillas del arroyo de San Antonio para armar sus carpas y disfrutar de cuatro días intensos de talleres diversos, charlas, reuniones y disfrutar de la música en vivo que enciende la magia con su paleta multicolor, los brebajes y la camaradería de todo el que sabe que no hace falta control ni represión externa más que la de la propia fiesta.

Equipos comunitarios y rotativos de gente que cocina, que limpia y que cuida las pertenencias. Artistas de todos los rincones de país y gente dispuesta a valorar cada segundo de la entrega puesta a flor de piel.

El Encuentro Cultural de San Antonio de Arredondo cumple veintidós años, y todo gracias a la magia del Negro Valdivia (el Celador de Sueños, como le dicen sus amigos del dúo mendocino Orozco-Barrientos). En el Encuentro no hay pantallas gigantes ni se vende Coca-Cola, hay carpas, música, árboles y un arroyo para amar con los pies descalzos.

El Encuentro Cultural de San Antonio se realizará los días 6, 7, 8 y 9 de diciembre desde las 9 hs. ininterrumpidamente. 

LO-FI RECORDS / LA SAGRADA MISIÓN DE LA AUTOGESTIÓN

Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 27/11/12
san.pflei@gmail.com

Vivimos en una ciudad donde los choripaneros que laburan de día son delincuentes y donde la música en vivo en los bares es un delito, al igual que tomar una lata de cerveza en la vereda de casa. Pero más allá de vivir en una ciudad que está regida por códigos de contravenciones permanentes, la ciudad de los baches ofrece pequeñas tentaciones, minúsculas ratoneadas que nos permiten disfrutar de los intersticios de la esperanza, esa luz que brota desde debajo de algunas baldosas grises y rotas. Y estoy hablando de la gente que busca vivir en un mundo propio y no ajeno, que busca la libertad entre la represión, que busca crear en medio de fórmulas ya masticadas. Es por eso que quiero dedicarle estas palabras a LoFi Records, un colectivo de músicos con el culo inquieto que vio la necesidad de autoeditarse frente a la escasa propuesta de sellos discográficos locales.

Cabe decir que LoFi Records vio la luz en el año 1994, en la prehistoria de la era digital, cuando en Córdoba estaban apenas recién llegados los Compact Disc. En un momento donde la autogestión era similar a cruzar los Andes a lomo de mula, los músicos de Ultrasuave vieron la necesidad de crear el método para poder grabar sus canciones, editarlas y registrarlas sin la mediación de productores ni de sellos multinacionales que le quitaran el aura a la frescura del arte. Fue así que con una porta estudio analógica comenzaron a desarrollar la creación de uno de los sellos independientes primigenios en la ciudad de los baches.

Con todo el sudor en la frente, con gastaderos de guita en salas de ensayo, en la inversión que implica comprar los instrumentos y los equipos, el traslado de la banda, los fletes, la grabación y la distribución del material y las rondas de prensa, ser músico no es un hobbie ni mucho menos un pasatiempo. Vivir de la música implica un derrotero sinuoso y escarpado contra la comodidad y lo masticado. La independencia es un laburo de hormiga, y a eso muchos músicos locales lo saben mejor que nadie.

Pensemos en bandas como Sur Oculto, como Pol Castillo, como los Ole Blando, como Esteban Kábalin, como Armando Flores, como tantísimas bandas que viven con la gota gorda en la frente de pelear por el espacio que les pertenece. Pensemos en la cantidad de músicos, escritores, pintores, artesanos y artistas de todo tipo que todo el tiempo están creando y renovando el aire con juventud y frescura para que en esta ciudad se pueda respirar mejor.

Es así que, hace algunos años, nació el MuCC (Músicos Convocados de Córdoba), una agrupación que pretendía unir a los músicos independientes de la ciudad, como también comenzaron a surgir espacios radiales donde la importancia de la música independiente local fue puesta en el tapete a pesar de la música enlatada proveniente de otras latitudes. Así también surgieron grandes propuestas musicales como la de la banda Malaquerencia y su disco Talabartería (2009) que, inicialmente, podía descargarse de la Web y posteriormente podía conseguirse en formato CD o en Pendrive. O el nacimiento de Ringo Discos, un sello que pretende captar los sonidos jóvenes vinculados al nois y a los aspectos más vanguardistas de la canción. El sello de Santiago Izquierdo y Pablo Macario surgió en el 2010 para demostrar que Córdoba no es una ciudad muda sino que tiene grandes bandas como Moo, Lautremont, Biernes* y Un Día Perfecto Para el Pez Banana.

Pero LoFi Records, el sello iniciático, la piedra angular de la autogestión en Córdoba, presenta su tercer compilado de bandas locales, una placa que reunirá a grupos como Martínez y Los Campos Torres Palacios, Fonez, Clochard, Blasto Fluss y Kimberly Pink Ranger, entre otras. Lejos de anhelos y especulaciones económicas, LoFi Records cuelga los discos en Internet para la comodidad y el deleite del escucha. Los discos pueden bajarse desde www.lofirecords.bandcamp.com.

Y el próximo viernes 30/11 y el sábado 1/12 LoFi Records hará una fiesta para presentar a las bandas que integran la nueva placa de músicos locales, y va a desarrollarse ambos días desde las 23:30 hs. en Casa 13 (Belgrano y Pasaje Revol). Güemes será la santa sede de la autogestión.

Si no nos gusta lo que hay, cambiémoslo. Si nos falta algo, lo creemos. Vivamos hoy en el mundo que queremos vivir. ¡Salud!

AL ABORDAJE MAGAZINE / BUCANEROS DE CUERO Y TACHAS



Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 20/11/12
san.pflei@gmail.com

Hay momentos en que la vida nos permite descubrir cosas que cambiarán nuestra forma de pensar el mundo que venimos pisando y viendo hasta el momento. Esos momentos en los que descubrí a The Beatles y a Led Zeppelín, en los que descubrí a Julio Cortázar y a Jack Kerouac, ese momento en el que descubrí el programa radial Al Abordaje. Sino, pregúntenle al guitarrista de blues local Pol Castillo por qué es tan importante que exista un programa de rock y de blues como Al Abordaje.

Marcelo Gómez es el creador y gurú de un espacio radial que supo atravesar el tiempo contra todas las tormentas y las inclemencias de la marea. El 1 de mayo de 1989 nacía un niñito llamado Al Abordaje, un nene que hoy es un varón peludo de veintitrés  años.

Al Abordaje nació en la FM Galena y, desde su aparición, fue rotando por distintas emisoras como la FM Acuario, FM Cultura hasta atravesar un largo período en la FM UTN (la radio de la Universidad Tecnológica Nacional Regional Córdoba). Luego, el programa pasó a integrar la grilla de la desmantelada FM Siempre Rock (ex La Rocka) hasta residir en la grilla actual de FM La Mega 90.5.

Años y años navegando por los oscuros mares del Rock, atracando en playas paradisíacas y llenando las arcas con los suculentos botines que la Cultura Rock tiene para darnos, cofres llenos de discos de vinilos, de blues, de hard rock, de bandas de culto y de grupos locales. “All aboard!” (¡todos a bordo!) gritaba Ozzy Osbourne; quizá de ahí nace la intempestiva frase que hoy por hoy lleva como nombre el programa de rock más antiguo y respetado por los radioescuchas cordobeses en el ámbito del rock.

Desde las primeras incursiones periodísticas en su Jujuy natal, Marcelo Gómez ha creado las bases del periodismo de rock a fuerza de humildad y calidez humana logrando que la música sea un arte puro vinculado con todas las demás expresiones del arte. Desde los más míticos y mitológicos personajes del rock internacional hasta los artistas más under e independientes tuvieron y tienen lugar en Al Abordaje, este programa radial que Marcelo Gómez junto a Mario Brizuela vienen manteniendo por veintitrés años en las emisoras radiales de Córdoba.  

Pero la sorpresa y la alegría fueron más intensas cuando nos enteramos de que Al Abordaje, además de mantener su formato radial, iba a aparecer en formato de revista. Y fue así que en septiembre del año del dragón apareció la revista llamada Al Abordaje Magazine, una publicación independiente que, me animo a afirmar, es la única revista de Rock de Córdoba. Un espacio abierto al Rock en su concepción más pura y mítica, como también en su aspecto más libre y descontracturado. Entrevistas, coberturas de shows, comentarios de discos y notas memorables integran la publicación que los amantes del Rock en Córdoba necesitaban.

Esta semana aparece en todos los kioscos el segundo número de Al Abordaje Magazine con la inclusión de un disco que promete revolucionar a la juventud con canciones para estallar en risas, bailes y para romper con todos los prejuicios. Es que Esteban Kábalin, la voz privilegiada del rock de Córdoba, y unos de los cantantes de rock más impresionantes de estas pampas, grabó un disco con clásicos del Rock Nacional pero versionados por él y contando con el acompañamiento de tremendos músicos locales como Lucas Ninci (250 Centavos), Jorge Imberti (Proyecto Aphóstol), Cuerda Tarnavasio (Praxis y Chébere), Iván Gómez Singh (Rugidos Blues), Guillermo Cienfuegos (Hammer) y una lista de invitados de lujo que le proporcionan a este disco versiones con fuerza, juventud y frescura, como en una guitarreada con mates o fernet, como en una buena zapada de rock & roll.

Esteban Kábalin Intérprete Vol I: Rock & Rolles, así se llama disco que esta semana verá la luz junto con el segundo número de Al Abordaje Magazine. Aflojate el cinto, desatá el nudo de la corbata, sacate los zapatos y empezá a bailar. La vida es una sucesión de asados.

POESÍA: DONALD SCHENKER / ¡EL POETA ES UN GENIO MALDITO!


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 13/11/12
san.pflei@gmail.com

Una mañana, hace aproximadamente un mes, andaba caminando por el centro y, como es costumbre, me paré frente a la vitrina de Rubén Libros a chusmear qué había, hasta que decidí entrar a buscar algún libro de Bukowski. Cuando entré a la tienda me encontré con la querida poeta Mariela Laudecina y, entre charlas y charlas, me recomendó una lectura que prometía ser devorable. Fue así que abandoné la búsqueda de algunos poemas enchastrados del viejo Hank Chinaski para sumergirme en la lectura de El Hombre Linterna, el inquietante libro de poemas de un tal Donald Schenker, un tipo que supo naufragar en las tormentosas aguas de la literatura Beat para luego descansar en las suaves orillas de una poesía despojada de mareo.

Donald Schenker es uno de esos tipos al que uno quisiera entrevistar, invitarlo a tomar un café o a comer un asado y dejar las horas libradas a la magia de las palabras.

El poeta nació en New York en 1930, y luego se radicó en San Francisco donde compartió la escena literaria de la época junto a sus camaradas Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs y la troupe de artistas e intelectuales de esa gran movida contracultural  llamada Beat Generation, el jazz y el Be-bop. En 1985 le diagnosticaron cáncer y, junto a su esposa Alice, se fue a vivir a una cabaña al norte de California donde desarrolló los poemas de El Hombre Linterna. Los robles, las sombras del bosque y la búsqueda de la paz acompañarán a Schenker hasta su muerte en el año 1993.

Resulta extraño enfrentarse con la poesía de Donald Schenker ya que en ella la vida transcurre lenta y pesada, similar a un pesebre, a un paisaje enfrascado; el poeta se erige como el espectador de una obra de teatro en el cual las escenas son lerdas. La vida es observada desde una butaca en un teatro vacío y silencioso.

Cuesta leer a Schenker y vincularlo con toda la locura vertiginosa de la Literatura Beat de los años 50 y 60. ¿Cómo ligar los poemas de El Hombre Linterna al mareo y la velocidad planteada por Allen Ginsberg en el poema “Howl” (“Aullido”)? ¿De qué manera podemos unir la poesía de Donald Schenker a los desiertos hirvientes y las ciudades descontroladas de On The Road (En El Camino), esa mágica obra iniciática que de dio origen a un sin fin de matices y expresiones contraculturales? ¿Qué tienen en común estos poemas con los desprolijos derroteros de El Almuerzo Desnudo, de Burroughs? Algo tienen en común: la musicalidad, el uso del verso libre al modo de los fraseos del jazz, la frescura de un lenguaje desprejuiciado y eternamente joven, cotidiano.

En los poemas de El Hombre Linterna podemos transformar la palabra en notas musicales, podemos convertir el libro en un disco. La libertad de la palabra suelta en la hoja como una banda en una Jam Session, como el solo experimental y tranquilo de un guitarrista viejo, como el viento filtrándose entre las hojas de un bosque.

Y es el bosque el lugar que Schenker eligió para desarrollar los poemas de El Hombre Linterna. Como Keroauc huyendo de San Francisco hacia el Big Sur californiano en busca de la paz, lejos de los delirium tremens provocados por las drogas y el exceso de alcohol, Donald Schenker también huyó de la ciudad para refugiarse en la tranquilidad del norte californiano. El Hombre Linterna es un diálogo introspectivo con la naturaleza, con los robles, con la mágica profundidad de la noche, con los coyotes, con el amor y con el silencio. El amor y el dolor son los indiscutibles motores vitales del arte.

“La noche me desea locamente. Me presiona con olores oscuros. Me canta con voces de cigarra, me colma de estrellas. La noche me acuesta. Muchas veces la noche me transforma. A lo largo de la noche, la noche y yo. ¿Quién puede resistirse a la noche?”

Así escribe Donald Schenker. El poeta es un genio maldito. 

ROBERT PLANT EN CÓRDOBA / EL ROCKER QUE JAMÁS ENVEJECE


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 6/11/12
san.pflei@gamil.com

Qué loco debe ser sentirse una leyenda, saberse parte indisoluble del ideario afectivo de millones de personas alrededor de todo el mundo. Y Robert Plant lo sabe, con su aura mística y sus canas terrenales, lo sabe. Como un chamán, como un brujo cósmico, el cantante inglés sabe que inunda el alma de las personas a las que toca con su voz.

Robert Plant tiene 64 años y carga con el hermoso sello de haber sido la voz de Led Zeppelin, la banda de rock y hard blues más importante e imponente en la historia de la Cultura Rock. El dirigible, esa banda de sonido mastodóntico que vio sus orígenes a mediados de los años 60 cuando el blues era adaptado por los músicos ingleses y nacían leyendas como The Yarbirds, Eric Clapton y The Cream, John Mayall, los jóvenes Pink Floyd y los mismos Led Zeppelin. Cuenta la leyenda que se juntaron a ensayar en un galpón para conocerse y la energía les desbordó un futuro imparable. John Paul Jones (bajo y teclados), John Bonham (batería), Jimmy Page (guitarras) y Robert Plant (voz) crearon las bases de un rock experimental y del blues duro basados en los clásicos del blues norteamericano, en viajes lisérgicos, en el folk del norte de Europa y en los arrebatos de potencia que, según la crítica, dio origen al heavy metal. Luego de una escalada maratónica hacia el éxito y la creatividad, Led Zeppelin vio el final tras la muerte del baterista “Bonzo” Bonham, en 1980, en el castillo de Jimmy Page. Se dice que el castillo de Page había sido de Aleister Crowley, un brujo negro y médium vinculado a rituales de los más exóticos y a la magia negra, y que el lugar podría haber sido maldito. A partir de ahí, miles de historias se inventaron al respecto.

La cosa es que hasta un tiempo, poner un CD, un DVD o buscar un video de Led Zeppelin en Youtube implicaba un constante “la puta madre, qué bueno hubiera sido verlos en vivo”. Para los que no pudimos ver el show No Quarter de Page-Plant en enero del 96 en el estadio de Ferro, y para los que menos aún tuvimos la oportunidad de presenciar el histórico reencuentro de Zeppelin en el año 2007 en Inglaterra, ver en vivo a una de estas leyendas parecía un sueño profundo. ¡Hasta que José Palazzo anunció por Twitter la venida de Robert Plant a Córdoba!

El show arrancó pasadas las 21:30 hs. del pasado domingo 4 de noviembre en un Orfeo Superdomo con cuatro mil personas desbordadas de felicidad, y Robert Plant apareció en el escenario con un “¡Hola, hola! ¿Qué tal?”. Confieso que fue un momento difícil de creer, hasta que sus gestos y su voz nos demostraron que estábamos ante el auténtico cantante inglés que interactuó constantemente con el público en un español casi perfecto.

The Sensational Space Shifters es la banda actual de Plant, un grupo que afianza a la perfección –y que, a la vez, derriba todos los límites- la búsqueda eterna de Plant por un sonido mestizo que se nutra de condimentos africanos, orientales, acústicos, electrónicos, del blues, de la psicodelia y del hard rock. La receta combinada por The Sensational Space Shifters hacen un menú exquisito de sonidos y de sabores exóticos con ese inconfundible dejo a experiencia y a experimentación. Junto a John Baggott (teclados y sintetizadores), Billy Fulleren (bajo), Justin Adams y Skin Tyson (guitarras), Dave Smith (batería) y al increíble músico africano Juldeh Camara (banjo y violín), Robert Plant no sólo hizo un repaso minucioso de su carrera solista eligiendo las canciones más refinadas, sino que se sumergió en su pasado zeppelinero para versionar y recrear clásicos del “Dirigible de Plomo” en claves más blueseras, folklóricas y electrónicas. Así sonaron temas como, por ejemplo, “Black Dog”, “Going To California”, “Bron-Y-Aur Stomp”, “Ramble On” y “Whole Lotta Love”.

Plant, por momentos, se sintió sorprendido y molesto con una minoría del público que demostró poco respeto hacia el artista silbando sobre las nuevas versiones y con la gente que continuamente se paraba para comprar cervezas e ir al baño. “Eh, Córdoba, ¿qué pasa con el servicio? ¿Baño? ¡This is serious, shit! ¿64 años para venir a Córdoba y ustedes con problemas en la vejiga?”, dijo Robert desafiando al público irrespetuoso. Aunque el trance y la felicidad volvían a su cara en su gesto típico, esa sonrisa de niño inocente que transmitió toda su vida. Y la calidez de su voz intacta como un tesoro magnífico.

En medio de los aplausos, Robert Plant grito “¡Hey! ¿Tienen ganas de bailar?”, y de los sintetizadores brotaron sonidos que se confundieron con el overdrive de la viola que anunciaba el final con el riff de “Rock & Roll” y toda la gente saltando de felicidad.

Como periodista, como melómano, como persona puedo asegurar algo: los sueños pueden hacerse realidad: yo vi a Robert Plant en Córdoba.

ARTHUR BROWN / EL DIOS DEL FUEGO DEL INFIERNO


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 30/10/12
san.pflei@gmail.com

Antes de que el rock progresivo fuera bien identificado por características musicales concretas, específicas, existió lo que la crítica de rock se conoce como progresivo temprano, una era musical en la que muchos de los grupos de finales de los 60 y principios de los 70 experimentaban con un abanico de recursos basados en sintetizadores y en incluir en el rock otros géneros musicales en busca de un sonido más acorde a las emociones imperantes del cambio de década, fusionando el blues, la psicodelia y el folklore. Algunos de esos grupos desviaron su sonido hacia espectros más pop, como Traffic o Supertramp, y otros se terminaron por definir en alguna línea progresiva clara, como Génesis, mientras otros tantos desaparecieron tras haber logrado un buen testimonio que hoy podemos conocer gracias a Internet y a los archivos sacramente profanados.

Los años 60 se estaban yendo cuando en la Costa Oeste de Estados Unidos. El Flower Power agitaba los confundidos corazones de una juventud golpeada por la Guerra de Vietnam, y el ácido coloreaba los bodegones donde Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Doors y Velvet Underground iluminaban un presente de revolución y un futuro de paz; mientras en Inglaterra el folk y el blues comenzaban a sonar más fuerte, y la psicodelia nacía de  capullos en tecnicolor. Los grandes festivales de música rock, como el de Woodstock, el de la Isla de Wight y Altamont, entre otros, posibilitaron el ascenso de grandes formaciones musicales desconocidas hasta el momento.

No caben dudas de que el año 1967 fue el año del ácido y de la psicodelia, el año donde se comenzaron a gestar grandes utopías de revoluciones, de amor y de paz; el año en el que comenzaría el gran espíritu rebelde y creador de la década del 70.

En este contexto, surgió en Inglaterra un músico que renovaría el espíritu del Rock en todos sus niveles. Mentor de shows de choque y teatralidad, fue una influencia directa de bandas y artistas como Led Zeppelín, Ozzy Osbourne y Alice Cooper. Arthur Brown fue el indiscutible rey de la psicodelia en Inglaterra a finales de los años 60. Con su carisma y creatividad, demostró que la teatralidad en el rock puede ser tan importante como la música.

Con su single “Fire“ se apoderó del  Nº 1 de las listas de los rankings británicos y norteamericanos. Entre los años 1966 y 1967, lideró el movimiento psicodélico británico e influyó de forma considerable entre artistas como Jimi Hendrix, Pete Townshend o Mick Jagger. Habiendo participado de numerosos e importantísimos festivales, estuvo rodeado de personas y bandas a las cuales influyó notoriamente, como por ejemplo The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Blue Cheer y Iron Butterfly, entre otros chamanes de la Cultura Rock.

En lo artístico, Arthur Brown es un crisol de tendencias y personalidades, en muchas de las cuales fue un pionero. Su mirada intensa sobre el blues y el soul lo sitúan al mismo nivel que Captain Beefheart o Van Morrison. Al cantar en tonos graves nos hace recordar a Frank Zappa, en los medios a Scott Walker y en los agudos es el padre del heavy, ya que su voz nos remite a  Ian Gillan y Ozzy Osbourne, y su puesta en escena inspirará luego a Alice Cooper. La presencia del órgano Hammond, tocado por Vincent Crane –tecladista de Atomic Rooster-, y acompañado en las giras por el baterista Carl Palmer (quien poco después se uniría al mítico grupo de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer), hacen de su música un mundo de ceremonias y rituales que han hecho del Rock un lugar perfecto para el delirio, donde las mitologías toman vida y pasan a ser parte de un mundo mitad ficción y mitad realidad, cargado de símbolos y espíritus salvajes, como en una noche de Walpurgis.

Arthur Brown se llamaba a sí mismo “The God of the Hellfire“ (El Dios del Fuego del Infierno), y eso generó el rechazo de la industria del Rock y, sumado a algunas actitudes extremas en escena, le privaron de un legítimo reconocimiento. Arthur Brown registró su primer álbum, The Crazy World of Arthur Brown, en 1967, creando las bases del movimiento psicodélico y del Acid Rock en Inglaterra, trayéndonos los inframundos y a sus oscuros seres para hacerlos participar de esta ceremonia que llamamos Rock.

SPINETTALANDIA Y SUS AMIGOS / UN DISCO PARA ENCONTRAR LA ESTRELLA


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 23/10/12
san.pflei@gmail.com

En una Argentina marcada a fuego por dictaduras militares, climas de revoluciones y aires de inminentes renovaciones políticas, por utopías y por un joven espíritu artístico influenciado por las grandes mentes creadoras en cuanto a literatura y música de Latinoamérica, Estados Unidos y la Europa de los años 60, la década del 70 nacía llena nuevas ideas para un país que anhelaba un cambio social profundo. Hay que tener en cuenta el clima dual que se vivía en el mundo generado por el desarrollo de la carrera espacial y armamentística generado por la Guerra Fría y por los polos occidental-capitalista (Estados Unidos y Europa) y oriental-comunista (Unión Soviética). También es interesante ver cómo el rock y el blues negro y de la Costa Oeste norteamericana es readaptado por los ingleses para generar una nueva identidad a un sonido que explotaría y llegaría a todos los rincones del mundo. “El Rock ha sido la banda sonora del capitalismo”, sostuvo el sociólogo cordobés Claudio Díaz en una entrevista. Lo pop y lo masivo, lo chabacano y lo progresivo, lo popular y lo elitista se estaba discutiendo en las mesas mundiales del arte. El Boom de la literatura latinoamericana (Jorge L. Borges, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y otros) nunca hubiera sido sin la expansión del mercado editorial entre América Latina y Europa. En Argentina, la juventud sintió la necesidad carnal de volcar en arte toda la peste del sistema opresor de la dictadura de Onganía.

A finales de los años 60 –más precisamente en el año 1967- nace en Argentina la llamada “primera generación del rock nacional” conformada por Los Gatos, el rock blando de Almendra y el blues urbano de Manal; también por las míticas reuniones de Pipo Lernoud con Litto Nebbia, Tanguito, Miguel Abuelo y Miguel Grinberg en La Cueva y en La Perla del Once, los míticos lugares donde nació la Cultura Rock en Argentina como un espacio de resistencia contra la censura y lo ya masticado.

En el año 1970, cuando Almendra se separa, uno de sus guitarristas, Edelmiro Molinari, sentenció: “Almendra no se divide, se multiplica, porque después de Almendra vendrá mucha más música”, y así fue que junto a Oscar Moro en la batería y a Rinaldo Rafanelli en el bajo formó la gran banda Color Humano. Ese mismo año, luego de un viaje por Francia, Luís Alberto Spinetta grabaría un disco elemental y de transición titulado Spinettalandia y Sus Amigos. Para ellos convocó a grandes músicos y amigos: Norberto “Pappo” Napolitano en guitarras, Miguel Abuelo en panderetas, flauta, percusión y coros, y a Héctor “Pomo” Lorenzo en batería, quien luego tocaría en las primeras formaciones de Pappo’s Blues e Invisible. La “segunda generación del rock nacional” se estaba gestando de la mano de grandes bandas como Vox Dei, Color Humano, La Pesada, Pappo’s Blues, Orion’s Beethoven, Sui Generis, Aquelarre y Pescado Rabioso 

Spinettalandia y Sus Amigos es un disco de transición porque abarca una gran variedad de espectros sonoros y líricos propios de una búsqueda interior. Temas duros y potentes nos adelantan lo que sería Pescado Rabioso, canciones y baladas nos remiten al fin de Pescado,  y las grandes improvisaciones y experimentaciones musicales y líricas prefiguran al disco Artaud y a lo que luego vendrá: Invisible.

El disco contiene once maravillosos temas donde las grandes lecturas de Spinetta por esos días se ven reflejadas: cuestiones existencialistas de la mano de Jean Paul Sartre, Franz Kafka y Albert Camus, letras de paz y amor pertenecientes a la filosofía Zen, crudeza y cotidianeidad de la mano de los escritores de la Beat Generation como Allen Gisnberg, Jack Kerouac y William Burroughs, y los difusos límites con el surrealismo y el absurdo del admirado Antonin Artaud.

Cuando uno acumula derrotas afectivas, el corazón busca escapatorias que la razón no entiende. El Flaco se había separado de Cristina Bustamante, de quien él estaba profundamente enamorado, y comenzó un zigzagueante derrotero de experimentaciones lisérgicas con otros músicos y amigos entre los cuales se encontraba Pappo con quién mantuvo una estrecha amistad hasta que El Carpo vendiera una guitarra acústica que el propio Spinetta le había regalado. Así, junto con Pappo, Pomo y Miguel Abuelo grabóSpinettalandia y Sus Amigos en casi dos días. El concepto del disco era el de la música aleatoria generada por el azar y la improvisación, un “antidisco”, como supo decir el mismo Flaco. El sello RCA lanzó el disco en marzo de 1971 con los títulos Almendra, Luís Alberto Spinetta y La Búsqueda de la Estrella, por lo que la discográfica tendría un juicio. El álbum no vio su título original hasta el año 1995.

Spinettalandia y Sus Amigos es la carta astral del Flaco donde se plasman y se prefiguran todos sus pasos y su extenso camino como profeta y mito de nuestro Rock nacional.

martes, 16 de octubre de 2012

Octubre, mes de revoluciones


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 16/10/12
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Octubre es un mes raro, cargado de símbolos, de historia y de arte. Es el mes donde la primavera comienza a afianzarse en el desarrollo de la naturaleza provocando verdores, días y noches templadas, erupciones hormonales y donde se gestan las primeras lluvias copiosas del año y esas tormentas eléctricas que algunos odian y otros amamos. En octubre se respira el final de un año cargado de obligaciones y comienzan algunos balances, también empiezan a bocetarse los proyectos para el año que se avecina. Pero octubre, además, es un mes mítico. A lo largo de la historia, octubre es un mes que ha dado material para los archivos, para el recuerdo y para el estudio, como así también para el deleite.

Para comenzar, el 12 de octubre de 1492, el vigía Rodrigo de Triana vislumbraba tierra firme luego de varios meses de navegar en la incertidumbre. El comandante Cristóbal Colón, financiado por banqueros genoveses y por los Reyes Católicos de España, comenzaba con el mayor genocidio de la historia de la humanidad. Así empezaba una historia marcada por sangre en el territorio americano que no estaba siendo descubierto, sino saqueado. 520 años han pasado del inicio de la “larga noche” para los pueblos originarios, como dice el Subcomandante Marcos, líder del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional). “El descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América conoció el capitalismo”, afirma Eduardo Galeano en su ensayo titulado “Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano”.

En octubre de 1917 se desata la segunda fase de la Revolución Rusa denominada Revolución Bolchevique, bajo el mando de Lenin. Los obreros tomaron el poder en las calles dando lugar a la primera revolución socialista del siglo XX.

El 9 de octubre de 1967, el soldado boliviano Mario Terán fusilaba al Che Guevara en la escuelita de La Higuera, Bolivia. Luego de haber cambiado múltiplemente de identidad y de haber servido en la guerra por la independencia del Congo, Ernesto Guevara quiso focalizar la revolución socialista creando focos guerrilleros en Bolivia y extenderlos hasta Argentina. Pero tras doce meses de ser diezmados por el ejército –financiado por la CIA-, el equipo del Che es capturado en la Quebrada del Yuro el 8 de octubre. Guevara es trasladado hasta el caserío de La Higuera –cercano a Vallegrande- y un día después sería fusilado. “Dele, no tiemble, está usted por matar a un hombre”, dijo el Che antes de recibir la primera ráfaga.

Oktubre se llama mi disco favorito de Los Redondos, ese álbum oscuro que este año cumple 26 años como uno de los mejores discos del Rock nacional. Un álbum conceptual donde el Indio Solari, Skay Beilinson y la troupe ricotera hacen un homenaje a las revueltas sociales y a los cambios masivos. No habrá forma de olvidarse de su tapa inmortalizada por Rocambole.

También, el 9 de octubre, pero de 1940, nacía John Lennon. ¿Qué decir de uno de los tipos más salvajemente bellos y universales de la historia? Ese flaco narigudo de marcado acento inglés –herencia de su Liverpool natal- que se enamoró de una artista plástica japonesa. Un músico transgresor que abandonó el flequillo y los trajes por pelos largos y laberínticos viajes de LSD. Uno de los más grandes compositores del siglo XX, cambiándole la vida al mundo con un sin fin de canciones maravillosas. Ese tipo que tampoco hubiera sido nadie sin su Rickenbacker blanca y sin sus compañeros Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. El flaco inglés que se enamoró de Nueva York por considerarla la capital de la libertad, donde vivió en lucha constante contra la desigualdad y por la paz, por el brillo de una rosa blindada, por el amor puro y vital de las cosas del arte. Only love can sustain. Spinetta y Lennon compartían el mismo amor por la humanidad. El músico que se convirtió en mito la noche del 8 de diciembre de 1980 luego de que un fanático de The Beatles descargara cinco balas sobre el cuerpo de Lennon en el hall del Edificio Dakota donde él vivía con su compañera, Joko Ono, frente al Central Park de NY: Mark David Chapman se convirtió, por unas horas, en el tipo más odiado del mundo.

El 15 de octubre de 2008, el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano recibió el título de Doctor Honoris Causa en la Sala de las Américas de la Universidad Nacional de Córdoba, el mayor título que otorga nuestra alta casa de estudios. Luego de hacer una larga cola pudimos entrar, aunque terminamos sentados en los pasillos. El acto y la charla duraron dos horas. Fueron dos horas de emoción continua escuchando a ese viejo hermoso y querido hablar claro y pausado, con un humor increíble, leyendo textos de su último libro en ese momento, Espejos. “Eduardo es un tipo que hoy tiene la misma edad que tendría John Lennon”, dijo emocionado Gerardo Fidelio, quien era Vicerrector de la Universidad en aquellos años. Ojalá existieran más tipos como Lennon.   

Presenta Trío cumple 10 años / Bajo la lupa de la experiencia


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 09/10/12
san.pflei@gmail.com

En una época donde la globalización nos tiñe con su paleta de colores infinitos no cabe la opción de los reduccionismos puristas. Y menos en el arte, teniendo en cuenta que las diferentes expresiones, en toda la historia de la humanidad, se han ido alimentando y retroalimentando con las tradiciones y las nuevas tendencias; la hermosa evolución que va renovando los aplausos en la línea del tiempo. Tal es el caso de Presenta Trío, una banda local con piso de tierra y con paredes electrificadas. Por las raíces no corre savia sino fibras de electricidad.

La fusión y el eclecticismo son algunos de los surcos más marcados en las nuevas formas folklóricas argentinas y latinoamericanas. Jazz, funk, bossa, candombe y la más completa diversidad de ritmos de la música tradicional argentina juegan y conviven sanamente en los renovados aires del folklore. Así suena Presenta Trío, un grupo local que festeja, por estos días, diez años de existencia, dos discos a cuestas y la inquietante búsqueda de lo sonoro y lo experimental bajo la lupa de lo propio y lo nativo.

Conformado por Maxi Bressanini en voz y bajo, Bachi Freiría en guitarras y voz, y Marco Martina en batería, percusión y coros, Presenta Trío es un grupo que se anima a fusionar los diferentes matices de la música folklórica argentina y a darle tonos más universales jugando con sonoridades del rock, del funk y del jazz, entre otros géneros.

El grupo vio la luz en el año 2002 y, desde entonces, viene trabajando en la búsqueda de nuevas sonoridades en el ámbito del folklore. Si su primer disco titulado Free Folklore (2007) es más acústico y suena a madera, Ruedas en los palos (2010) es rockero e intenso. Quizá la denominación “folklore de proyección” al Presenta Trío le quede chica, ya que es una banda que rompe estructuras vinculando las músicas de raíz folklórica y latinoamericana con el funk, el blues, el jazz, y el rock progresivo logrando climas diversos en un género ampliamente abarcativo que la crítica ha denominado comofusión.

En el año 2007 el grupo presentó su primer material discográfico titulado Free Folklore. Editado por la UMI (Unión de Músicos Independientes), este disco suena refrescante y está plagado de arreglos y sutilezas sonoras vinculadas jazz. El álbum tiene diez temas en los que se nota una ineludible referencia artística ligada a autores como Jorge Marziali, Raúl Carnota, Liliana Herrero o el Aca Seca Trío. Instrumentalmente, los temas de Free Folklore fueron grabados en vivo en una misma toma para dar paso a la improvisación y generar el clima que se da en una actuación en vivo.

Pero en el 2010 le llegó el turno a un nuevo álbum hermoso e inquietante. Así es el segundo disco de Presenta Trío titulado Ruedas en los palos. Doce canciones de diferentes autores de la música popular argentina y rioplatense hacen de Ruedas en los palos una obra para disfrutar con las puertitas de la percepción bien abiertas. Temas como “La aclaradora” (Raúl Carnota), “La flecha” (Atahualpa Yupanqui), “Maribel se durmió” (L. A. Spinetta) y “Te abracé en la noche” (Fernando Cabrera) le dan al álbum un eclecticismo sonoro y poético que refleja una vasta diversidad cultural conviviendo en el “big sur” latinoamericano. Ruedas en los palos coquetea constantemente con el rock, con el tango, con el candombe, con el funk y con las diferentes sonoridades de la música folklórica

Presenta Trío es –originalmente- un grupo de “música de raíz” que con el tiempo fue convirtiéndose en un power trío sediento de nuevas identidades y percepciones donde la utopía de convivencia armónica de géneros, formas y colores es posible. Una vez, charlando con el periodista y amigo Carlos Rolando, surgió la idea no tan disparatada de armar un festival con Los Natas y Presenta Trío, juntar en un escenario a dos tríos rockeros, uno de stoner y otro de power folk -si se me permite la expresión- y demostrar que el rock es una cuestión de actitud, que Atahualpa y Piazzolla pueden ser mil veces más rockero que Villanos y que el Pity Álvarez, y que la identidad no es un cascote de tierra ni un pedazo de madera desvencijada sino algo que se construye todo el tiempo en la búsqueda incansable de experiencias renovadoras.

Así como hizo la Jimi Hendrix Experience en 1967, Presenta Trío puede preguntar lo mismo: Are you experienced? (¿Has experimentado?).

El próximo 17 de octubre del año del dragón Presenta Trío celebrará sus diez años con un show imperdible en el Teatro Real a las 21.30 hs.

Peces y Pájaros, rock cordobés / Un viaje por el cosmos al futuro de la canción


Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 02/10/12
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Imaginen un futuro donde el mundo vuelva a ser como en el génesis: la atmósfera cubierta de nubes negras e impenetrables, tormentas eléctricas y diluvios, los mares agitándose con dolores agónicos, erupciones volcánicas y fracturas terrestres. Imaginen un futuro donde el mundo esté sacudiéndose de dolor, donde la última alternativa para escapar de las viejas ciudades herrumbradas, del hambre y de las pestes sea escapar al cosmos. Un futuro donde las flores, los libros y las guitarras viajen en colectivos espaciales a la luna para guardar el secreto místico del arte y de la vida. Un futuro donde el amor, el arte y la armonía viva en una canción. La música como una esperanza, como una semilla en el desierto. Así son las canciones de Peces y Pájaros

La canción es una de las expresiones musicales más antiguas y con mayores proyecciones a futuro en el mundo. Desde la Grecia antigua, pasando por la Edad Media y atravesando toda la Modernidad y a todas las culturas del planeta, la canción se renueva y renace al ritmo de la historia. Sin dudas que A Los Futuros Habitantes De La Luna, el primer disco de Peces y Pájaros, es una muestra brillante y hermosa de lo que la música al servicio de la poesía –y viceversa- puede hacer para ayudarnos a escapar del peso de algunas cadenas y llegar a esos espacios prodigiosos que nos brinda el arte y el vuelo de la imaginación.

Adrián Boudet (guitarra y voz), Agustín Neme (guitarra y voz), Augusto Ochoa (bajo) y Lucas Mazzola (batería) conforman este cuarteto mágico destinado a cambiar los colores de la ciudad y del suelo lunar. Desde la mismísima ciudad de Córdoba, el Rock se autogestiona y se redefine en propuestas novedosas que nos demuestran que no todo está dicho y que el Rock no es sólo cuestión de cueros, whiskies y putas, sino que nos ayuda a refrescar sentimientos vinculados a las células más olvidadas de nuestro cuerpo y nuestra alma en un código universal llamado canción.

A Los Futuros Habitantes De La Luna (independiente, 2012) es el primer disco de Peces y Pájaros, y nos brinda once canciones en las cuales se desarrolla una historia fragmentada de la condición humana en un momento de post-crucifixión, en el momento de una humanidad redimida por el caos y la búsqueda universal del gen único de la vida después de la nada. El viaje en clave futurista pero vinculado a algo retro y nostálgico.

Influenciados, tal vez, por corrientes tan diversas del Rock que van desde la cancionística de Palo Pandolfo, y pasando por sonidos más británicos y experimentales como los de The Strokes o Muse, Peces y Pájaros recrea experimentaciones sonoras basadas en el formato de la canción atravesada por jugueteos sonoros que nos remiten a cuestiones espaciales sin perder de vista la pureza del sonido, casi vintage con la mira en lo analógico.

En las canciones de Peces y Pájaros se rompe el esquema guitarrístico tradicional del Rock, es decir, no existe distinción entre una primera y una segunda guitarra, no hay una viola líder que destaque solos y otra que apoye las bases, sino que la búsqueda sonora es de un par de violas complementándose hermosamente en melodías, armonías y arreglos cargados de buen gusto. Una voz clara y bien definida armoniza casi teatralmente las letras sobre lo primordial de una base rítmica sólida y ajustada.

Entonces, mientras miremos para abajo y veamos al planeta desde la profundidad del manto negro del cosmos, sabremos que no todo estará perdido, porque lo último que se pierde es la canción.

El primer disco de Peces y Pájaros, A Los Futuros Habitantes De La Luna, puede descargarse gratuitamente desde www.pecesypajaros.bandcamp.com

jueves, 27 de septiembre de 2012

Raro, el nuevo libro de Iván Ferreyra / Presagios del extrañamiento



Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 25/09/12
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Raro (del latín rarus): (Adj.) Que se comporta de un modo inhabitual. Extraordinario, poco común o frecuente. Escaso en su clase o especie. Así es el nuevo libro de Iván Ferreyra.

Él es un escriba tatuado por la tinta de los muertos, de los desaparecidos, de los desengañados; tatuado por albinos, ciegos y mordido por perros callejeros. Iván Ferreyra recrea mitos desde las bocacalles, desde el Mercado Norte, desde Alberdi, desde Canals y La Carlota. El escritor que junto al dramaturgo Jorge Villegas y al poeta Omar Hefling llegó en un Ford K a La Higuera y a Vallegrande, los lugares donde asesinaron e inmortalizaron al Che Guevara.

Iván Ferreyra es un mensajero de cemento y graffiti. Oriundo de Canals (provincia de Córdoba), Iván –el N2- es el gestor cultural de los que no entran en las agendas. Ex boxeador y gerente de una whiskería, inventor de horóscopos, periodista y autor de los libros El Resentimiento, El hombre Que Ganaba Por Cansancio, Llueve y Bambi. También es el buscador incansable de Jorge Julio López, el editor de la revista Polosecki Magazine, de la editorial Antiplán y el creador de miles de blogs y de eventos para-kulturales como Otoño Sucio/Hermosa Tristeza, La Furia del Libro y los Jueves Malditos. Y acaba de presentar Raro, un nuevo libro de poemas.

Agitador cultural por excelencia, El N2 –como se denomina el escritor- es un activista en diferentes flancos. Desde Facebook provoca incansablemente. Y me refiero al activismo no como algo snob y puramente virtual, sino como una actividad constante de agitación desde la red social que se ve en hechos que se registran día a día en diferentes ámbitos de la ciudad: intervenciones artísticas y políticas, performances estéticas contra el aburrimiento de una ciudad donde comer choripanes de día es un delito.

En su prosa o en sus versos, Ferreyra le hace el aguante a Libros Son, a las editoriales independientes, a los músicos independientes, a los fotógrafos hermosos de esta ciudad como Tomás Barceló Cuesta, a Flay Belzagui y a los Músicos en la Calle. El Under es como un baño de hipermercado: montones de números haciendo cola al final de la noche para ir a mear. La tinta vibra en las noches donde un escritor le confiesa cosas a la mesa de un bar que cierra. Sonará feo para los pulcros oídos de algunos, pero la realidad tiene gusto a tinta y a vino en caja. Sino, váyanse al bar que está enfrente del colegio Monserrat y hablen quince minutos con el Cabezón Sotelo. Tiene boina roja y su compañía es una botella de Brahma. 

Raro, el último libro de Iván Ferreyra (El Mensú Ediciones, 2012), contiene ochenta y tres poemas que se dibujan en una laguna oscura, en un terreno pantanoso como el delirio febril o experimentaciones oníricas donde el olor de una almohada, la oscuridad de una habitación cerrada, los besos y el perfume del sexo se mezclan con el olor a aceite quemado de las motitos de la rotisería y con las frutas podridas del Mercado Norte.

Al mejor estilo del poema “Sea (sounds of the Pacific Ocean at Big Sur)”, de Jack Kerouac, o a “Howl”, de Allen Ginsberg, Ferreyra escribe odas a realidades desvencijadas pero con cierto aire de exabrupto, de sorpresa y de una ingenuidad generada por el cansancio.

Los poemas son raros. Raro es que no aparezca Jorge Julio López. Raro es salir de joda un domingo, como los mozos y los peluqueros. Raro es ver un perro con brackets. Raro es que el Teatro Comedia no esté funcionando. Raro es tener sexo con una prima. Raro es el perdón, y raro es el resentimiento.

Uno va en la constante búsqueda de aquello que perdió, un camino hacia la redención. La vida es eso que te ocurre mientras la Mole Moli baila por un sueño. La vida es una sucesión de asados, dicen.

Raro puede conseguirse en La Cripta (General Paz 184, Galería London).

martes, 18 de septiembre de 2012

Nunca tuve tanto Blues



Por Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 18/09/12

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Cuando el día cae y la noche se despereza, las estrellas comienzan a brillar como lágrimas congeladas en el cielo, manto azul de recuerdos y melancolía, de vasos rotos y labios rojos que no están, derramando una guitarra y una armónica por los adoquines o el cemento. Eso es el Blues.

Sentado una nochecita tras los vidrios de un bar mientras saboreaba el café y el cigarrillo que me regalo siempre antes de ir a cubrir un recital. Del lado de afuera, gente caminando a los apurones por las vereditas angostas, colectivos atestados y vehículos de todo tipo apresurados por volver rápido al hogar. Así me encontraba cuando, de pronto, todas las imágenes que podía ver a través de esas vitrinas se fueron esfumando y mi atención fue captada por otra ciudad, una ciudad ajena pero tan propia. Sentado con mi café y mi cigarrillo comencé a oír lo que sonaba en los parlantitos colgados de las paredes del bar. Sonaba el grupo Manal, banda argentina de blues de finales de los años 60.

Vamos a compartir, entonces, algunas epifánicas percepciones urbanas.

El Blues, como género musical, nace de la convergencia de creencias religiosas y ritmos afro americanos al sur de los Estados Unidos. Los esclavos negros que dejaban sus vidas en los campos de algodón o en las minas de carbón comenzaron a relacionarse, más allá del ardoroso trabajo, de manera artística. Fusionaron los ritmos heredados del África con el folk norteamericano y los adornaron con letras de dolor y melancolía, fruto de saberse mano de obra descartable de los políticos y terratenientes yanquis. El Blues es eso, melancolía, un dolor amargo que se transforma en dulzura al ser cantado, al ser ejecutado. Podría resumir diciendo que el Blues en Norteamérica es originalmente de temática rural.

Pero más de cincuenta años después, y a miles de kilómetros más al sur, comenzó a gestarse algo nuevo. Las grandes ciudades ya constituidas nunca dejaron de asombrar a quienes pisan sus calles, y a finales de los años 60 un grupo de jóvenes músicos comenzó a describir la ciudad de una manera en la que nadie antes lo había hecho. Estos músicos llamados Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina hicieron, quizá, algo que creían muy necesario: crearon el primer blues cantado en castellano. El hecho es de vital y particular importancia.

El primer Blues en castellano pinta a la ciudad con colores de vastas tradiciones poéticas y literarias y con las voces de otros tipos de producción urbana. Gracias al trío Manal, no sólo podemos disfrutar de algunas de las letras más hermosas de nuestro rock, sino que además se abrieron en todo el mundo las puertas de los idiomas a un género reservado exclusivamente para el inglés. Pero hay un dato más importante: el Blues deja de ser un género de temática rural para pasar a ser un género de temática propiamente urbana. La Ciudad, desde estas maravillosas letras, nos invita a transitar callejuelas embarradas, trenes y subtes, fábricas, bares y plazas. En la letra de “Avellaneda Blues” puede verse detalle a detalle la vida de los obreros yendo a sus fábricas, los cigarrillos ansiosos, los paisajes desolados de la industrialización, la soledad y la tristeza del hombre en su vida maquinal. Podemos imaginarnos a un Manzi o a un Lepera escribiendo tales palabras, pero fueron unos jovencitos quienes, influenciados por los grandes poetas del tango, pudieron reflejar en un charco de agua sucia toda una forma de vida: la vida de quienes están al Sur. Y resulta que el Sur –los límites de la ciudad- significa despojo y postergación, es el espacio de los que no llegarán a ser parte del Norte porteño, ese norte exclusivo que nada tiene que ver con las fábricas y el barro. Quizá un Evaristo Carriego, un Borges o un Roberto Arlt podrían haber descrito las callecitas similares de un Sur alejado. 

Pero resulta novedoso ver cómo el espacio mismo de la ciudad es criticado desde el arte como el lugar de la subversión de valores –los anti-valores- y de creencias “saludables” para el hombre. Es decir que, si desde el Blues la ciudad es símbolo del trabajo forzado y del cansancio, es porque hay una alternativa de “salvación”. Estas percepciones se pueden apreciar en la hermosa canción “Una casa con diez pinos” donde es asombroso cómo la visión negativa de la ciudad nos remite a otros espacios donde el espíritu del hombre puede ser libre y bondadoso: el espacio rural, los jardines, los campos, las sierras. Si la ciudad es el lugar del cansancio, el campo es el lugar del descanso, un lugar de intimidad relacionado con las actividades del artista en armonía con su entorno. Según lo ha dado a llamar la socio-crítica, la “metáfora del viaje” es algo muy común en los rockeros posteriores: es necesario huir, abandonar la ciudad para adquirir experiencias, para aprehender los valores del mundo, y esos valores no se hallan, justamente, en la ciudad. Esto puede verse, también, claramente en una película bella: Into The Wild.

¿Ven cómo el Blues argentino –frío y duro como el cemento- nos posibilita realizar viajes placenteros a campitos y estancias de aires y sombras frescas por más que estemos en un bar tomando café o fumando un cigarrillo, y todo el mundo no vea las horas de volver a sus casas?

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Los Hombres Sombra




Santiago Pfleiderer, diario Alfil, martes 11/09/12
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Ayer por la tarde iba caminando por el centro mirando locales, vidrieras y medio atontado por el ruido de los autos y el humo del boulevard cuando de pronto advertí que, al esperar el color verde del semáforo en una esquina, había metido mi pié derecho en un bache que había en el cordón de la vereda… obviamente, inundado de agua sucia. Luego de blasfemar en voz baja, saqué el pié del pozo y procedí, preocupado por el tiempo que corría, a limpiar mi zapato chapucero. Pero entre las cosas que se habían adherido a él me llamó la atención un papelito con una inscripción en tinta roja en el cual podía leerse la siguiente frase: “En medio de una espera neblinosa hay signos, indicios ocultando otros. La realidad que sucede, ¿qué realidad nos oculta? ¿De qué extrañas formas de tristeza y desengaño nos está protegiendo? Así escribo, con derrotado tono.”

Creo que no vale la pena aclarar que con esto mi día cambió radicalmente. Digo, cuando uno va por la vida como un tanque de guerra arrasando con todo lo que hay en su camino y creyendo que se es inmune a todas las chispas del universo, uno está muy equivocado. Se puede andar por las calles sin mirar a nadie, con la vista fija siempre en un punto por sobre las cabezas ajenas; se puede ir caminando con los ojos bajos como leyendo las baldosas; se puede ir a los apurones y pasando gentes por las veredas angostas como si tuviéramos que llegar primero a todos lados; es decir, se puede andar por la ciudad como si nuestras tareas y preocupaciones pesaran más que una mochila de plomo, o como si nuestra vida fuera tan grandiosa que las demás quedasen empequeñecidas. Pero cuando uno va por la calle embriagado de rutina  y de pronto se encuentra con una chispa azul, melancólica, como ese papelito, indefectiblemente nuestro día cambia, y los ojos se vuelven faros de nuestras vidas,  y cada paso que damos lo damos en el cielo, en un cielo que descubrimos por primera vez.

Quien haya sido el que escribió estas palabras, debía haber tenido una gran iluminación y un gran sentido de la percepción, porque tan hermosa revelación no se encuentra todos los días, y menos –vaya paradoja- en un charco sucio de esta ciudad. El cielo del cual les hacía mención es la verdad individual, es la letra siempre exacta pero borrosa, es la voz justa y en el momento indicado, que da señas de pertenecer a un tiempo y lugar equivocados; digo, me refiero a un alma dual y misteriosa que no conocemos, pero que de vez en cuando nos hace sentir extrañeza en medio de tanta seguridad maquinal con la cual actuamos todos los días de nuestras vidas. Estas chispas nos revelan que hay mundos y universos que nos rodean, pero que no podemos percibir debido a nuestra lamentable incapacidad mística y metafísica fruto de que somos engranajes oxidados en esta maloliente industria de seres creados todos iguales, como fríos muñecos hijos de la Producción en Cadena.

Sin duda que cuando a alguien –cualquiera de nosotros, pobres diablos consumidos por la rutina- se le presenta la oportunidad de replantearse las cosas a un nivel medio de profundidad, lo mas plausible es que actúe de manera esquizofrénica y se rebele de maneras cuasi salvajes frente a la sociedad que lo mira con terror y desprecio como a un orangután que eructa o como a un loro que reza el Rosario. Pero frente a la necesidad de liberar las pasiones como una reacción en cadena, pienso que hay seres cuyas almas están tan oprimidas que sólo cabe otra opción, quizá menos ruidosa pero igual de catártica, la de guardar las chispas azules celosamente, como si se guardara un tesoro o un chocolate con almendras, como si se escondiera para uno el secreto de las cosas más elementales, las que le dan verdadero sabor a nuestros pasos, y así saber que hay otros brillos a pesar de la densa oscuridad de muchas almas, y son esas almas doloridas y apesadumbradas las que pueden ver más allá de las sombras para decirnos que por cada paso que damos, que por cada palabra que gastamos, estamos escondiendo otras formas de vivir que tienen que ver con la lucidez que produce el desengaño, con la dureza de sentirse incomprendido, y con la terrible certeza de saber que cuanto más alta es la subida, más duele la caída. Hacer de la propia sombra un estilo de vida, pero vestirla de traje y corbata es la manera de no parecer extraño. Me estoy refiriendo con esto a los Hombres Sombra. Ellos son quienes nos dan hebras de luz por los rincones, por los charcos, con su oscuridad perpetua. Es, justamente, la intermitencia aquello que nos vuelve sensibles. Estos chispazos nos ayudan a pensar –aunque sólo sea por un segundo- en que podemos mirar la vida y nadar en ella con más libertad, siendo conscientes y saber que hay seres dolidos (en estos casos el dolor puede confundirse con la sabiduría) pensando en nuestros pasos ciegos, ciegos por la amarga ilusión de ser libres en una jaula de tiempo irreversible donde un billete es más valioso que una mirada húmeda, incluso, que un abrazo sincero; donde el hombre se encuentra solo en un mundo vacío de creencias, salvo las ligadas al valor incalculable de lo material. Es decir, no hay mitos que sustenten la existencia de un hombre libre, entonces sólo le toca al hombre enfrentarse y reconciliarse con él mismo. Es ésa su libertad, su único camino irrevocable.

El Hombre Sombra es aquel que luego de caer reducido a lo más bajo, ya sea por incomprensión, por desengaño o cachetazos de otro tipo, puede erguirse nuevamente y mirar la vida de reojo, siempre con la cabeza gacha y con la certeza de saber que hay otra vida oculta bajo nuestras pieles, bajo las ropas y tras el opacado ritmo del quehacer diario. Es el llanto mudo de la desesperación que contempla. El Hombre Sombra es la apagada voz, ese derrotado tono. Es el lento paso de la tristeza.